Ciertamente, Jesucristo no vino a darnos una vida de prosperidad, de riquezas, de bonanza emocional, etc.. Jesucristo vino a poner su vida como pago por nuestros pecados, y anular así la deuda que todos tenemos individualmente delante del Dios tres veces Santo.
“Porque ¿que aprovechará el hombre, si ganare el mundo entero, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma?” Marcos 8:36-37
La abundacia de riquezas, fama y de metas cumplidas, no son capaces de darnos la paz que anhelamos en nuestra alma, se vuelven en cadenas de vanidad y suelen acabar en el vicio o la vaciedad. Por otro lado, ningun tipo de riquezas, famas o logros nos servirán de nada en el día que enfrentemos el juicio de Dios.
Solamente Jesucristo, el Hijo de Dios, nos puede librar de la condenación de nuestros pecados, y darnos seguridad, fuerza y plena certeza de perdón de pecados y vida eterna.
“Y sucederá que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Hechos 2:21
